dissabte, 6 de juny del 2009

Ludwig Wittgenstein: Tractatus Logico-Philosophicus


El Tractatus Logico-Philosophicus fue el primer libro escrito por Wittgenstein y el único que él vio publicado en vida (la primera publicación fue en la revista alemana Annalen der Naturphilosophie (XIV, 3-4, págs. 185-262), bajo el título "Logisch-Philosophische Abhandlung"; un año más tarde (en 1922) aparecería la primera edición bilingüe (alemán-inglés) en la editorial Kegan Paul de Londres, acompañado de una introducción de Russell, y ya bajo el título en latín que hoy conocemos: Tractatus Logico-Philosophicus). Es el principal texto en que Wittgenstein expresa su pensamiento de la llamada primera época.

El Tractatus es un texto complejo que se presta a diversas lecturas. A primera vista, se presenta como un libro que pretende explicar el funcionamiento de la Lógica (desarrollada previamente por Frege y por Russell entre otros), tratando de mostrar al mismo tiempo que la Lógica es el andamiaje o la estructura sobre la cual se levanta nuestro lenguaje descriptivo (nuestra ciencia) y nuestro mundo (que es aquello que nuestro lenguaje o nuestra ciencia describe). La tesis fundamental del Tractatus es esta estrecha vinculación estructural (o formal) entre lenguaje y mundo, hasta tal punto que: «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo» [Tractatus: § 5.6]. En efecto, aquello que comparten el mundo, el lenguaje y el pensamiento es la forma lógica [logische Form], gracias a la cual podemos hacer figuras del mundo para describirlo.

En el Tractatus, El mundo [Welt], es la totalidad de los hechos que son el caso, es decir, aquellos hechos que se dan efectivamente [Tractatus: §§ 1-2 ]. Los hechos son "estados de cosas" [Sachverhalt], o sea, objetos en cierta relación [Tractatus: §§ 2-2.01]. Por ejemplo, un hecho es que el libro está sobre la mesa, lo cual se revela como una relación entre "el libro" (que podemos llamar objeto "a") y "la mesa" (que podemos llamar objeto "b"). Aquí se pone de manifiesto, en efecto, que el hecho posee una estructura lógica que permite la construcción de proposiciones que representen o figuren [del alemán ‘’bild’’] ese estado de cosas, a saber: "el libro está sobre la mesa" (o, trascrito a lenguaje lógico, "aRb"). Al igual que un hecho es una concatenación de objetos, una proposición será una concatenación de nombres (los cuales, obviamente, tendrán como referencia los objetos). Para Wittgenstein el lenguaje descriptivo funciona igual que una maqueta, en la cual representamos los hechos colocando piezas que hacen las veces de los objetos representados; en el Tractatus, el lenguaje está formado fundamentalmente por nombres (hablamos, naturalmente, del lenguaje una vez que es analizado lógicamente).

De esta idea tan fundamental extrae Wittgenstein toda su teoría de la figuración (o de la significación) y de la verdad. Una proposición será significativa (tendrá sentido [sinn]) en la medida en que represente un estado de cosas lógicamente posible, para lo cual será imprescindible que los nombres que aparecen en esa proposición refieran a ciertos objetos del mundo. Otra cosa es que la proposición sea verdadera o falsa. Una proposición con sentido figura un estado de cosas posible; para que la proposición sea verdadera, el hecho que describe debe darse efectivamente (debe ser el caso), si el hecho descrito no se da, entonces la proposición es falsa; pero sea falsa o sea verdadera, la proposición tiene sentido, porque describe un estado de cosas posible. «El mundo es todo lo que sea el caso» [Tractatus: § 1]; la realidad [Wirklichkeit] será la totalidad de los hechos posibles, los que se dan y los que no se dan [Tractatus: § 2.06 y § 2.202].

Otra tesis fundamental del Tractatus es la identidad entre el lenguaje significativo y el pensamiento, dando a entender que nuestros pensamientos (las representaciones mentales que hacemos de la realidad) se rigen igualmente por la lógica de las proposiciones, pues: «La figura lógica de los hechos es el pensamiento» (Tractatus: § 3] o «El pensamiento es la proposición con sentido» [Tractatus: § 4]. De este modo, si algo es pensable, ha de ser también posible [Tractatus: § 3.02], es decir, ha de poder recogerse en una proposición con sentido (sea ésta verdadera o falsa). El pensamiento es una representación de la realidad. La realidad es aquello que se puede describir con el lenguaje (en este sentido, se aprecia que la realidad en el Tractatus es una imagen que resulta de un lenguaje descriptivo, y no una realidad en sí; por eso los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo).

Este es el modo en que Wittgenstein determina de qué podemos hablar con sentido y de qué no podemos hablar. Podemos hablar, o sea, decir verdades o falsedades, siempre y cuando utilicemos el lenguaje para figurar estados de cosas o hechos posibles del mundo. Sólo es posible hablar con sentido de la realidad. Este es el punto en que el Tractatus es interpretado como abogado del Empirismo o como una apología de la ciencia, ya que sólo la ciencia es capaz de decir algo con sentido; y «De lo que no se puede hablar, hay que callar» [Tractatus: § 7]. Ahora bien, el verdadero y original pensamiento de Wittgenstein empieza aquí. Si, como dice el Tractatus sólo es posible hablar con sentido de los hechos del mundo: ¿qué ocurre con los textos de filosofía y, en particular, con las proposiciones del propio Tractatus? En efecto, el Tractatus no describe hechos posibles ni hechos del mundo, sino que habla del lenguaje y de la lógica que rige nuestro pensamiento y nuestro mundo, etc..

Entra así en juego la polémica pero fundamental distinción entre decir y mostrar que el propio Wittgenstein consideraba el núcleo de la filosofía. La forma lógica y en general la Lógica no puede expresarse, quiere decir, no se puede crear una proposición con sentido en que se describa la lógica, porque la lógica se muestra en las proposiciones con sentido (que expresan el darse o no darse de un estado de cosas). La lógica está presente en todas las proposiciones, pero no es dicha por ninguna de ellas. En este sentido: «La lógica es trascendental» [Tractatus: § 6.13].

La lógica establece cuál es el límite del lenguaje, del pensamiento y del mundo, y de ese modo se muestra el propio límite que, obviamente, ya no pertenece al mundo, quedando fuera de ese ámbito de lo pensable y expresable. Es por ello que, como indica Wittgenstein: «Hay, ciertamente, lo inexpresable. Se muestra, es lo místico» [Tractatus: § 6.522]. La tarea de la filosofía es, entonces, precisamente, llegar hasta los casos límites del lenguaje, donde ya no hablamos del mundo pero, sin embargo, sí queda mostrado lo inexpresable. Este es el caso de las tautologías, las contradicciones y, en general, las proposiciones propias de la lógica.

Análogamente, tal y como se apunta hacia el final del Tractatus, la ética (o sea, aquello que trata de hablar sobre lo que sea bueno o malo, lo valioso, el sentido de la vida, etc.) es también inexpresable y trascendental [Tractatus: §§ 6.4-6.43]. La ética, lo que sea bueno o valioso, no cambia nada los hechos del mundo; el valor debe residir fuera del mundo, en el ámbito de lo místico. De lo místico no se puede hablar, pero una y otra vez se muestra en cada uno de los hechos que experimentamos.


En el box teneis una edición bilingüe completa del Tractatus.

dimarts, 2 de juny del 2009

Leo Strauss





Nacido el 20 de septiembre de 1899 en Kirchain, en la región de Hessen (Alemania) y fallecido el 18 de octubre de 1973, era hijo de Hugo Strauss y Jannie David. Leo Strauss era hijo de un piadoso comerciante judío, habitual de la sinagoga de su ciudad y a los 17 años ya era sionista.. Estudio bachillerato en Marburg y durante la Primera Guerra Mundial fue reclutado por el ejército en donde sirvió como intérprete. Acabado el conflicto, en 1921, se doctoró en filosofía en la Universidad de Hamburgo.

Dirigió sus primeros pasos por el existencialismo y orientó sus estudios hacia la filosofía de Husselr y de Heidegger. Su primer libro, sobre el filósofo judío Spinoza fue publicado en 1930. En un momento en el que el antisemitismo aumentaba en Alemania, Strauss se había especializado en la filosofía judía medieval y había sido contratado en Berlín por la Academia de Investigación Judía. Provisto de una beca, abandonó Alemania 1932; primero se estableció en París (donde se casó) y luego en Cambridge en 1938. Su segundo libro, publicado cuando el nacionalsocialismo ya se encontraba en el poder, en 1935, trataba sobre Maimónides. En Londres, publicó un estudio sobre la filosofía política de Hobbes. Acto seguido, pasó a EEUU de donde no volvería a salir en toda su vida.

A partir de 1937 fue profesor en la Universidad de Columbia y luego, de 1938 a 1948 enseñó Ciencias Políticas y Filosofía en la New School for Social Research de Nueva York, en donde permanecería hasta su jubilación en 1968. Sus libros, a partir de esos momentos, empiezan a ser extraños e incluyen enigmáticas especulaciones de aparente inocuidad. Esta tendencia se hará aún más palpable a partir de 1949 cuando fue contratado como profesor de filosofía política de la Universidad de Chicago. De este pargo período destacan sus obras sobre Maquiavelo (1958), Sócrates y Aristófanes (1966), Derecho Natural e Historia (1953), La Ciudad y el Hombre (1964) y Liberalismo Antiguo y Moderno (1968).

Pasó sus últimos años de enseñanza, entre 1968 y 1973, como profesor honorario en las universidades de California y Maryland, período en el cual profundizó sus estudios sobre la Grecia clásica. Falleció en 1973 en Annapolis.

Quedan tras él muchos seguidores que le conocieron de cerca y asimilaron sus enseñanzas, alumnos que hoy son ellos mismos figuras de la academia, la política o las artes. Son los conocidos como straussians o estrausianos, escuela que sigue siendo una voz influyente en la ciencia política norteamericana. Pues bien, efectivamente, estos strausianos con conocidos por otros como “la cábala” y, en cualquier caso, constituyen la médula del pensamiento neoconservador norteamericano, el motor ideológico de la administración Bush.

Para Strauss la verdad es peligrosa y destructiva para la sociedad. Desde el principio de los tiempos, los hombres han elaborado mentiras para poder vivir con más tranquilidad. La religión, por ejemplo. La esperanza en el más allá, en el castigo a los malos y en el premio a los buenos, la reencarnación, la resurrección, la vida eterna, la imagen misma de Dios… todo ello no son más que esperanzas para poder vivir. Son “mentiras necesarias”, sin las cuales, lo más probable es que la mayoría de seres humanos se desesperarían e incluso se suicidarían al saber que este valle de lágrimas no tiene un final feliz. Strauss, aprendió de Nietsche que sólo unos pocos están en condiciones de conocer la verdad sin derrumbarse. Los filósofos no pueden decir lo que piensan verdaderamente.

En su análisis sobre Aristóteles y Platón, Strauss había descubierto algunos elementos incomprensibles, de una banalidad exasperante que era indigno del pensamiento de aquellos sabios. Examinando otros textos sapienciales de la antigüedad, llegó a la conclusión de que los antiguos utilizaban frecuentemente distintos niveles de lenguaje (Al-Farabi le indujo también esta idea) el más profundo de los cuales está dedicado a aquellos escasos y especiales seres capaz de comprenderlo. Si no hubieran utilizado el secreto, los filósofos de la antigüedad, habrían sido frecuentemente perseguidos y linchados por los ciudadanos. Nadie puede soportar la verdad si esta ataca lo más íntimo de sus esperanzas, sin reaccionar airadamente.

Sabemos cuales eran las fuentes del pensamiento de Staruss en la antigüedad: Aristóteles, Platón, Maimónides, Al-Farabi… pero también es altamente tributario de tres pensadores modernos: Federico Nietzsche, Martin Heidegger y Carl Schmitt a los que da una interpretación particular.

De Heidegger, Strauss extrae el odio por la modernidad, el rechazo al cosmopolitismo universalista y a la sociedad corrupta que el filósofo debe contribuir a reformar sino a destruir. De Schmitt, la necesidad de establecer claramente distinciones entre amigo-enemigo y la “reteologización de lo político, la unión de política, religión y moral”. No es que le interese ni la religión ni la moral, pero considera que tienen una capacidad de movilización muy superior a la política. Strauss cree que religión y moral son un fraude elaborado conscientemente por los sabios para tranquilizar a quienes no están dispuestos a conocer la verdad. De Nietzsche extrae la concepción del “hombre superior” que, para él, es el “filósofo”, considerando como tal a aquel que conoce la verdad.

Los “filósofos” deben ocultar sus posiciones para no herir los sentimientos y el ego de las personas y para protegerse a ellos mismos y a la élite de gobierno de las posibles represalias. Entonces es cuando aparece la sombra Nietzsche sobre el pensamiento de Strauss.

No existe, para el “filósofo”, otro derecho natural que el de los superiores sobre los inferiores, los amos sobre los esclavos y los “filósofos” sobre la plebe. Son lo que Strauss llama “las enseñanzas tiránicas de los antiguos”. Manejando citas de Platón y textos clásicos, entre otros sobre la escuela pitagórica, concluye que los “antiguos estaban decididos a mantener estas enseñanzas tiránicas en secreto porque no era probable que el pueblo tolerara el hecho de que estaban destinados a la subordinación”. En efecto, podrían exteriorizar su resentimiento en forma de persecución y, para evitarlo, la mentira debía ser el chaleco antibalas de los “filósofos” y de la élite de los superiores, frente al vulgo.

LOS TRES TIPOS HUMANOS SEGÚN STRAUSS

El tres es el número clave para Straus como lo fue también para Al-Farabi. Cada individuo en la sociedad puede ocupar, desde su perspectiva, tres estratos: “sabios”, “señores” o “gentiles” y “vulgo”. Shadia Drury, comentarista de Strauss, nos los define: “Los sabios son los amantes de la dura verdad desnuda y sin alteraciones. Son capaces de mirar al abismo sin temor y sin temblar. No reconocen ni Dios ni imperativos morales. Son devotos, por sobre todas las cosas, de la búsqueda por sí mismos de los “altos” placeres, que procura simplemente el asociarse con sus jóvenes iniciados. El segundo grupo, los gentiles, son amantes del honor y la gloria. Son los más cumplidores de las convenciones de su sociedad –es decir, las ilusiones de la cueva. Son verdaderos creyentes en Dios, en el honor y en los imperativos morales. Están listos y deseosos de acometer actos de gran heroísmo y autosacrificio sin previo aviso. Los del tercer tipo, la mayoría del vulgo, son amantes de la riqueza y el placer. Son egoístas, holgazanes e indolentes. Pueden inspirarse para elevarse por encima de su embrutecida existencia sólo por el temor a la muerte inminente o a la catástrofe”.

Strauss, siguiendo a Platón, creía que el ideal político supremo es el gobierno de los sabios, pero tal gobierno es imposible por que en las democracias formales es el “vulgo” quien decide. Así pues será necesario recurrir a la mentira y a la simulación para controlar y manipular al vulgo. Utilizando una cita ilocalizable de Jenofonte, alude a que “el gobierno encubierto de los sabios”, es facilitado por “la abrumadora estupidez” de los gentiles, los cuales “mientras más crédulos, simples y poco perceptivos sean, más fácil será para los sabios controlarlos y manipularlos”.

Es fácil comprender el drama de Strauss, extremadamente alejado de la modernidad y de sus valores. Para él, la justicia, el orden, la estabilidad, el respeto a la autoridad, carecen de sentido por que son precisamente estos valores en los que se reconoce el vulgo. En nuestra época, el vulgo ha tenido todo aquello a lo que aspiraba en otras épocas, pero, ni siquiera con esto han remediado su situación, todo lo contrario, de hecho, hoy están más reducidas que nunca a su papel miserable de bestias de carga. Los cuarenta años que pasó Strauss en EEUU no sirvieron para que aceptara los valores de la mentalidad de aquel país. En realidad, estaba convencido de que el proceso degenerativo de los tiempos modernos estaba más avanzado en EEUU que en cualquier otro lugar y que la vida, tal como previera Carl Schmitt se había trivializado.

La combinación entre democracia formal, economía liberal y trivialización de la vida, terminarían, según Schmitt y Strauss, destruyendo la política y convirtiendo la vida en un entretenimiento. En realidad, Schmitt y Strauss coinciden en percibir la política como un conflicto entre grupos enemigos dispuestos a competir y luchar hasta la muerte. El ser humano, para Strauss, lo es sólo en tanto está dispuesto a luchar, vencer, o morir.

Fuente: http://infokrisis.blogia.com/2004/101501-leo-strauss-los-abismos-del-pensamiento-conservador.php

dimecres, 27 de maig del 2009

Antisharisme

Isaac Mao


SHARISMO: UNA REVOLUCIÓN DE LA MENTE

Isaac Mao



Con la Gente de la World Wide Web comunicando de forma más total y libre en la nueva red (”social media“), a la vez que congregándose en un boom de contenido 2.0, se hace necesario estudiar más de cerca la dinámica interna de una explosión tan creativa. ¿Qué es lo que motiva a los que participan en este movimiento y qué futuro quieren crear? Hay un hecho clave: los que comparten están acumulando capital social y una superabundancia de respeto por parte de la comunidad. El factor clave que motiva la nueva red, y el núcleo espiritual de la Web 2.0, reside en un cambio en la forma de pensar que llamamos sharismo. El sharismo propone una reorientación de los valores personales. Lo vemos en el Contenido Generado por el Usuario. Es la promesa de Creative Commons. Está en los planes de las iniciativas culturales orientadas al futuro. El sharismo es también una práctica mental que cualquiera puede probar, una actitud socio-psicológica que busca transformar un mundo amplio y aislado en un Cerebro Social super-inteligente.

LA DOCTRINA NEURONA

El sharismo está codificado en el genoma humano. Aunque eclipsado por los muchos pragmatismos de la vida diaria, la teoría del sharismo funda sus bases en la neurociencia y su estudio del modelo de funcionamiento del cerebro humano. A pesar de que no sabemos completamente cómo funciona el cerebro en su conjunto, tenemos un modelo del mecanismo funcional del sistema nervioso y sus neuronas. Una neurona no es una simple célula orgánica, sino un procesador biológico eléctricamente excitable y muy poderoso. Grupos de neuronas forman redes ampliamente interconectadas que, mediante el cambio en la fortaleza de las sinapsis entre células, son capaces de procesar información, y aprender. Una neurona, al compartir señales químicas con las que la rodean, es capaz de integrarse en redes más significativas que la mantienen activa y viva. Además, esta lógica tan simple se repite y es amplificada, ya que todas las neuronas funcionan básicamente según este principio de conectar y compartir. Por su propia naturaleza el cerebro es algo abierto. Una red neuronal existe con la finalidad de compartir actividad e información, y yo creo que este modelo cerebral debería inspirarnos ideas y decisiones sobre las redes de colaboración humanas.

Es decir, nuestro cerebro fomenta la idea de compartir por su propia naturaleza. Esto tiene profundas implicaciones sobre el proceso creativo. Allí donde exista una intención de crear, será más fácil generar ideas más creativas si se tiene en cuenta de forma rigurosa el proceso de intercambio (”sharing process“). El proceso de formación de ideas no es lineal, sino que se parece a una avalancha de amplificaciones sucesivas a lo largo de la senda del pensamiento (”thinking path“). Se mueve como una especie de bola de nieve creativa. Si tu sistema cognitivo interno fomenta el compartir, es posible gestionar una retroalimentación continua de felicidad (”feedback loop of happiness“), que a cambio te ayudará a generar más ideas todavía. Es una especie de efecto mariposa, en el que una pequeña cantidad de energía creativa acabará volviendo hacia ti para hacerte, a ti y al mundo, más creativo.

Sin embargo, las decisiones que tenemos que tomar a diario tienen un componente bastante bajo de productividad creativa, porque hemos desactivado nuestras vías de intercambio (”sharing paths“). Por lo general, a la gente le gusta compartir lo que ha creado, pero en una cultura que les dice que protejan sus ideas, la gente empieza a creer en el peligro de compartir. Esto lleva a una degradación del sharismo en la forma de pensar de la gente y a que no se fomente en la sociedad. Pero si somos capaces de animar a alguien a compartir, entonces sus vías de intercambio se abrirán. El sharismo estará presente en su mente como recuerdo y como instinto. Y si en el futuro esta persona debe enfrentarse a una opción creativa, elegirá la opción “Compartir”.

Estos cambios mentales son demasiado sutiles para ser percibidos. Pero ya que el cerebro, y la sociedad, son un sistema conectado, la acumulación de estas micro-actitudes, de neurona a neurona y de persona a persona, resultará en un comportamiento observable. Es fácil ver si una persona, un grupo, una empresa o una nación están orientadas hacia el sharismo o no. En el caso de los que no lo estén, la defensa de lo que llaman “bienes culturales” y “propiedad intelectual” es tan solo una excusa del status quo con la que mantener una comunidad cerrada. Mucha de su “cultura” estará protegida, pero el resultado neto de toda esta política no es sino la pérdida directa de muchas otras ideas valiosas, y la subsecuente pérdida de todas las ganancias potenciales que se derivan de compartir. Este conocimiento perdido es como un agujero negro en nuestra vida, que puede acabar tragándose otros valores también.

Una cultura que no comparte (”non-sharing culture“) nos engaña con su absoluta separación de Espacio Privado y Espacio Público. Hace de la acción creativa una elección binaria entre lo público y lo privado, lo abierto y lo cerrado. Esto abre una brecha en el espectro del conocimiento. Aunque esta brecha tiene el potencial de convertirse en un espacio creativo valioso, la inquietud por la privacidad hace que esta brecha sea difícil de cerrar. No debería sorprendernos que, para sentirse seguros, la mayoría de la gente mantenga lo que podría compartir como privado y adopte una actitud “cerrada”. Tienen miedo de que Internet genere una capacidad de abuso contra la que no puedan luchar solos. Sin embargo, la paradoja es esta: Cuanto menos compartes, menos poder tienes.

NUEVAS TECNOLOGIAS Y AUGE DEL SHARISMO

Volvamos a 1999, cuando solo había algunos cientos de bloggers pioneros en el mundo, y un número apenas diez veces mayor de lectores que seguían esos blogs. Siempre es igual en la Historia de la humanidad: algo importante estaba pasando, pero el resto del mundo aún no se había dado cuenta. El cambio hacia formas de publicación online fáciles de usar desencadenó una revolución tranquila (”soft revolution“) en tan solo cinco años. La gente hizo una transición rápida y cómoda de leer blogs a dejar comentarios y tomar parte en la conversación virtual, hasta darse cuenta después de que también podían ser bloggers ellos mismos. El aumento de los bloggers multiplicó el número de lectores, y el aumento de los lectores dio lugar a más blogs. La revolución fue viral.

Los bloggers generan continuamente información significativa en Internet, y se conectan entre ellos a través de RSS, hipervínculos, comentarios, trackbacks y referencias. La granularidad a pequeña escala del contenido permite cerrar determinadas brechas de experiencia y abrir de este modo una nueva etapa en la historia de la humanidad. Una vez que te has convertido en un blogger, una vez que has acumulado una gran cantidad de capital social en un espacio tan pequeño, es difícil dejarlo. No tiene sentido explicar este hecho a partir de una teoría de la adicción. Es un impulso que lleva a compartir. Es la energía de los memes que quiere distribuirse de boca a boca y de mente a mente. Es más que mandar un email. Es sharismo.

A los bloggers les gusta tener en cuenta el contexto social de sus entradas, preguntándose a sí mismos: “¿Quién va a ver esto?”. Los bloggers son ágiles a la hora de ajustar el tono –y de configurar la privacidad- para anticiparse a las ideas y no tener problemas. No se trata de autocensura, sino de la expresión de un sentido común inteligente. Pero una vez que los blogs alcanzaron su punto crítico (”tipping point“), se expandieron por la blogosfera. Esto hizo necesario un sistema de trabajo en red y una arquitectura para compartir contenidos de forma más sutil. Así, la gente ahora comprende que puede tener un mejor control sobre un amplio espectro de relaciones. Por ejemplo, Flickr permite a la gente compartir sus fotos ampliamente, pero con seguridad. Un nuevo usuario puede no estar familiarizado con la privacidad de Flickr, basada en marcar ciertas casillas, pero esto es una buena muestra del cambio mental que implica el sharismo. Marcando una determinada casilla podemos elegir entre compartir o no compartir. He podido observar personalmente cómo los fotógrafos iban estando cada vez más abiertos a compartir en Flickr, sin perder por ello la capacidad de elecciones flexibles.

La rápida emergencia de las aplicaciones sociales que permiten comunicar y cooperar, dejando que la gente pueda intercambiar contenido de un servicio a otro, está dando la posibilidad a los usuarios de introducir sus memes en un ecosistema interconectado. Esta interconectividad permite que los memes viajen a través de múltiples redes online, pudiendo alcanzar una amplia audiencia. Como resultado, un sistema de microconexiones de este tipo está haciendo de las plataformas sociales una auténtica alternativa a los medios de comunicación tradicionales. Estas nuevas tecnologías están haciendo revivir el sharismo en nuestra cultura cerrada.

PRACTICA LOCAL, GANANCIA GLOBAL

Si te ha ocurrido que has perdido tu sharismo por culpa de una mala configuración educativa o cultural, no es fácil recuperarlo. Pero no es imposible. Un ejercicio continuo puede llevar a una total recuperación. Puedes ver el sharismo como una práctica espiritual. Pero tienes que practicar todos los días. De otro modo, podrías perder el poder de compartir. Para siempre.

Es posible que necesites algo que te estimule, que te impida abandonarlo para volver a una forma de pensar cerrada. Aquí tienes una idea: pon un post-it en tu mesa de trabajo que diga: “¿Qué quieres compartir hoy?” No estoy de broma. Así, si algo interesante te llega: ¡Compártelo! La forma más simple de empezar y mantenerse compartiendo es usar diferentes tipos de aplicaciones. El primer meme que quieras compartir puede ser poca cosa, pero es posible amplificarlo con las nuevas tecnologías. Engancha a alguna gente de tu red social e invítalos a una nueva aplicación. Al principio, puede no ser fácil darse cuenta de los beneficios del sharismo. La piedra de toque es ver si puedes mantener la retroalimentación que consigues al compartir. Te darás cuenta de que casi todas las actividades que implican compartir van a generar resultados positivos. La felicidad que obtendrás de este modo es solo la recompensa más inmediata. Pero hay otras.

El primer tipo de recompensa que obtendrás va a llegar en forma de comentarios. Así sabrás que has logrado provocar interés, apreciación, emoción. La segunda recompensa es el acceso a todo el material que tus amigos están compartiendo en sus redes sociales. Puesto que los conoces y confías en ellos, te va a interesar mucho más lo que están compartiendo. Ya con esto estás consiguiendo multiplicar la inversión del pequeño meme con el que empezaste a compartir. Pero el tercer tipo de beneficio es aún más espectacular. Todo lo que decidas compartir puede ser reenviado, puesto en circulación y republicado a través de las redes de otras personas. Este efecto cascada puede hacer que tu obra llegue a las masas en red (”networked masses“).

Las mejoras en el software social están haciendo que la velocidad de diseminación sea la de un clic de ratón. Empieza a familiarizarte con tu yo sharista. Estás a punto de convertirte en popular, y rápidamente.

Llegamos así al cuarto y último tipo de recompensa. No solo tiene significado para ti sino para el conjunto de la sociedad. Si así lo decides, puedes permitir que los demás creen obras derivadas a partir de lo que compartes. Esta decisión puede dar lugar fácilmente a un efecto bola de nieve que resulte en más creaciones a lo largo de la senda de intercambio, por parte de la gente que está en los nodos clave de la red y que comparten contigo la misma pasión por crear y compartir. Después de muchas rondas de desarrollo continuo, una gran obra creativa puede surgir de tu decisión de compartir. Por supuesto, tendrás el crédito que solicites, y merezcas. Y está bien si lo que buscas es una recompensa económica. En todo caso, lo que seguro que vas a conseguir es algo tan importante como esto: Felicidad.

Cuanta más gente creativa participe en el espíritu del sharismo, más fácil será lograr unos medios de comunicación 2.0 bien equilibrados y equitativos hechos por la gente misma a su medida. Los medios de comunicación no serán controlados por ninguna persona concreta sino que residirán en la propia distribución de la red social. Los “shaeros” (Héroes del sharism) se convertirán de forma natural en los líderes de opinión de la primera de la nueva red. Los derechos sobre los medios de comunicación pertenecerán a todos. Tú mismo puedes ser productor y consumidor en un sistema de este tipo.

EL SHARISMO SALVAGUARDA TUS DERECHOS

Sin embargo, hay sobre la mesa muchos interrogantes sobre el sharismo como iniciativa en una nueva era. El más importante tiene que ver con los derechos de autor. Preocupa que cualquier pérdida de control sobre un contenido con derechos de autor pueda conducir a déficits perceptibles en el patrimonio personal, o simplemente a una pérdida de control. Hace 5 años, yo mismo habría dicho que se trataba de una posibilidad. Pero las cosas han cambiado. El entorno en el que se comparte está más protegido de lo que se piensa. Muchas de las nuevas aplicaciones sociales permiten configurar fácilmente los terminos de uso a lo largo de tu senda de intercambio. Cualquier violación de los términos puede ser perseguida no solo en los tribunales, sino por parte de tu propia comunidad. Tu público, que se beneficia de lo que compartes, puede convertirse también en la salvaguarda de tus derechos. Incluso si eres un defensor del copyright tradicional, la cosa no puede sonar mejor.

Es más, al ver todas las recompensas inmediatas y emergentes que puedes obtener compartiendo, es posible que llegues a darte cuenta de que te has olvidado de los derechos de autor y el “Todos los derechos reservados“. Estarás demasiado ocupado disfrutando del compartir como para preocuparte de quién te copia. La nueva fórmula económica es: cuanta más gente remixe tus obras, más obtendrás a cambio.

Me gustaría señalar que el sharismo no es ni comunismo ni socialismo. Los comunistas duros que conocemos han abusado a menudo de la tendencia natural de la gente a compartir y los han forzado a ceder sus derechos, y sus propiedades. En nuestra experiencia, el socialismo, que tiende al comunismo, adolece también de la falta de respeto a esos derechos. Bajo ambos sistemas, el Estado es el poseedor de toda propiedad. En el sharismo, tú mantienes el derecho de propiedad, si así lo quieres. Pero a mí me gusta compartir. Y esa es la forma en que he elegido expandir mis ideas, y mi prosperidad.

El sharismo se basa totalmente en el consentimiento propio. No es un concepto difícil de entender, especialmente porque movimientos “copyleft” como la Free Software Foundation o Creative Commons llevan años funcionando. Estos movimientos están redefiniendo un espectro más flexible de licencias para que puedan etiquetar sus obras tanto los desarrolladores como los usuarios finales. Como las nuevas licencias pueden ser reconocidas tanto por humanos como por máquinas, cada vez es más fácil re-compartir obras en nuevos ecosistemas online.

EL ESPIRITU DE LA WEB, UN CEREBRO SOCIAL

El sharismo es el Espíritu de la Era de la Web 2.0. Tiene la consistencia de una epistemología naturalizada y de una axiología modernizada, pero también conlleva la promesa de una nueva filosofía en Internet. El sharismo pretende transformar el mundo en un Cerebro Social emergente: un híbrido interconectado de gente y software. Somos Neuronas en Red conectadas entre sí por las sinapsis del software social.

Esto supone un salto evolutivo, un pequeño paso para nosotros pero un gran paso para la sociedad humana. Gracias a las nuevas tecnologías “capilares” emergentes que brotan por todas partes, podemos generar mayor conectividad e incrementar el rendimiento de nuestros enlaces sociales. Cuanto más abiertos y fuertemente conectados estemos en tanto neuronas sociales, mejor será el entorno en que se comparte para todo el mundo. Cuanto más colectiva sea nuestra inteligencia, más sabias serán nuestras acciones. La gente ha encontrado siempre las mejores soluciones a través de la conversación. Ahora podemos hacer lo mismo totalmente online.

El sharismo será la política de la próxima superpotencia global. No será un país, sino una nueva red humana unida por el software social. Esto puede parecer un sueño lejano, e incluso es posible que una política de compartir bien definida no esté precisamente cerca. Pero las ideas de las que estoy hablando pueden mejorar los gobiernos desde ya. Podemos integrar nuestros sistemas democráticos actuales y emergentes con nuevas folksonomías (basadas en la indexación social y colaborativa de la información) para permitir que la gente se cuestione cosas, comparta datos y remixe información para su uso público. La inteligencia colectiva, en un gran entorno equitativo, en el que podamos compartir, puede ser la salvaguarda de nuestros derechos, y una estructura de control del gobierno. En el futuro, el diseño de las políticas podrá ser matizado con las micro-implicaciones de la comunidad que comparte. Esta “Democracia Emergente” funciona más a tiempo real que los períodos de sesiones parlamentarias. Igualmente incrementará el espectro de nuestras elecciones, más allá de las opciones binarias de “sí” o “no“. La democracia representativa pasará a ser más oportuna y diligente, porque nos representaremos a nosotros mismos dentro del sistema.

El sharismo resultará en una mejor justicia social. En un entorno sano de intercambio, cualquier evidencia de injusticia puede ser amplificada hasta conseguir atraer la atención del público. Cualquiera que haya sufrido un abuso puede lograr apoyo auténtico e inmediato de sus amigos y de los amigos de sus amigos. Las reclamaciones de justicia se canalizarán a través de múltiples redes interconectadas. Usando estas herramientas, cualquiera puede conseguir un gran impacto social. A través de múltiples dispositivos y aplicaciones sociales, cada uno de nosotros se hace más sociable, al tiempo que la sociedad se hace más individual. Ya no tenemos que actuar solos.

La democracia emergente solo se hará realidad cuando el sharismo se convierta en una competencia básica (”literacy“) de la mayoría, el tipo de competencia que Howard Rheingold describe en su libro. Puesto que el sharismo puede mejorar la comunicación, la colaboración y la comprensión mutua, creo que tiene también un lugar en el sistema educativo. El sharismo puede ser implementado en cualquier discurso cultural, CoP (comunidad de práctica) o contexto de resolución de conflictos. Es también un antídoto contra la depresión social, ya que no compartir supone un lastre que arrastra hacia abajo nuestra sociedad. En los países totalitarios de antes y de ahora, este ciclo descendente es aún más evidente. El mundo futuro será un híbrido de humano y máquina que generará mejores y más rápidas decisiones en cualquier momento, en cualquier parte. El flujo de información entre mentes se hará más flexible y más productivo. Estas amplias redes colaborativas dedicadas a compartir darán lugar a un nuevo orden social – una Revolución de la Mente.

Trad: Emilio Quintana


diumenge, 24 de maig del 2009

Els clàssics se la sabien tota (II), per Josep Pitarch


Com estem a les portes dels exàmens i en plena primavera, o siga que els exàmens els fan quan anem més de bòlid que mai, quan anem més marejats els xics i les xiques, o siga d’eixida. Per això és possible que ens vagen bé alguns consells dels clàssics, avui de Cassiodor (Vària 1,24), de Ramon Llull (Llibre dels proverbis), de Plaute (Cistellaria 103) i d’Ovidi (Ars Amandi 3, 425).


Començarem per Cassiodor, que ens anima a estudiar, amb unes raons contundents: “Quod in iuventute non discitur, in matura aetate nescitur”, o siga que el que no s’aprén de jove, s’ignora de majors. I a continuació, el nostre Ramon Llull ens dóna un consell per anar tranquils i serens als exàmens: “Nemo se bene defendit quando est iratus”, o siga que ningú no es defensa bé, si està irritat, nerviós, entenent que en un examen ens defensem contra moltes de les preguntes, que són com atacs esbojarrats o trampes que cal superar tranquil·lament.

I com estem enamorats, o ho somiem, perquè la primavera la sang altera, la carn fresca envaeix els nostres carrers, els jardins estan en flor i la joventut esclata, i ves a saber, ens pot anar bé l’advertència de Plaute: Nihil amori iniuriem est”, que l’amor mai no és violència. En el clima de respecte d’uns i altres, les parelles hem de saber que la violència no és l’amor, que el que cal és viure l’amor, respectant-se. I finalment, en aquest tema tenim el mestre indiscutible que fou el poeta Ovidi, que recomanava tindre sempre l’ham preparat, perquè en l’indret de la mar on menys t’ho penses pot haver-hi un peix per a tu, o siga el jove/la jove que esperes:Semper tibi pendeat hamus: quo minime credis gurgite, piscis erit”.


Que tingueu uns bons exàmens i uns bons amors. Fins setembre.


Josep Pitarch